Aznalcóllar, un infierno en el parque nacional de Doñana

En la madrugada de aquel 25 de abril de 1998 un estruendo resonó en Aznalcóllar.

No se trataba de una de las habituales explosiones controladas para horadar la roca en las minas del municipio sevillano.

Aquel estruendo fue el inicio de uno de los peores accidentes medioambientales en España y posiblemente de la zona mediterránea.

La empresa que explotaba la mina de Los Frailes (la sueca Boliden) asume el multimillonario coste del desastre.

A pesar de ello, más de 20 años después, quien contaminó tanto aún no ha pagado lo que corresponde.

Como se produjo el desastre de Aznalcóllar

En aquella noche primaveral de abril parte del muro de la gigantesca balsa de residuos de la explotación minera de Aznalcollar se vino abajo.

Vertido de la empresa Boliden

El derrumbe desató una riada de lodos tóxicos y aguas ácidas.

Se formó una brecha gigante de unos 55 metros en la pared de la balsa que daba al río Agrio, cuya desembocadura se produce en el Guadiamar, que termina en el Guadalquivir y en el Parque Nacional de Doñana.

El trayecto hasta Doñana es de unos 62 kilómetros y por él, discurrieron seis millones de metros cúbicos de lodos y aguas contaminados con zinc, plomo, azufre todos ellos componentes muy tóxicos para los seres vivos.

La Junta de Andalucía, el Gobierno y Boliden llenaron el Guadiamar de diques y represas para evitar que el vertido llegase a Doñana.

Con muchísimo esfuerzo se logró que los vertidos tóxicos se quedaran a las puertas del espacio natural protegido.

Consecuencias del desastre de Aznalcóllar

En los meses siguientes se depuraron aguas, se descontaminó la tierra y se retiraron los lodos de una superficie de 4.634 hectáreas.

En la medida de lo posible ya que una biorremediación en una zona tan afectada es muy complicada.

Catastrofe en el parque de doñana

La balsa del desastre está actualmente sellada y colmatada.

La zona se encuentra coronada por paneles solares y el río Guadiamar es un corredor verde como lo era antaño.

Pero la Junta de Andalucía y el Gobierno siguen reclamando a Boliden más de 133 millones de euros.

 «Boliden gastó aproximadamente 100 millones de euros en la recuperación de la zona»

Pero Boliden solo se hizo cargo de la zona más próxima a la balsa mientras que la limpieza del resto de la superficie afectada por el vertido tóxico (cerca del 90% de toda la zona dañada) corrió a cargo del Gobierno.

«Sí, en principio, quien contamina debe pagar», admite uno de los abogados que ha ayudado en estos 20 años a Boliden a evitar que las Administraciones cobren.

Para que Boliden pagara esos 133 millones, la multinacional recurrió a cerrar las minas y su filial y marcharse.

Boliden clausuró en 2001 la mina, dejó sin empleo a más de 400 mineros y demás trabajadores y cerró su filial en España, que se llamaba Aprisa.

Actualmente si un desastre de este calibre se produjera, no ocurriría lo mismo gracias a la Ley de Responsabilidad Ambiental redactada en 2007 que establece básicamente que quien contamina paga.

El desastre de Aznalcóllar y el sufrimiento por Doñana.

Los voluntarios de organizaciones como SEO Birdlife o Greenpeace que ayudaron en la descontaminación de Aznalcóllar cuentan sus sensaciones a la hora de ver el río en esas condiciones.

Miles de flamencos afectados en Aznalcollar

«Incredulidad y mucha angustia». Ante sus ojos el río Guadiamar presentaba un escenario desolador.

La rotura de la balsa había anegado cerca de 62 kilómetros, dañado más de 3.600 hectáreas de cultivos y pastizales.

Las marismas de Entremuros se contaminaron por culpa de los vertidos tóxicos y murieron unas 26 toneladas de peces y cientos de aves se vieron afectadas.

«En los primeros momentos, la mayor preocupación que teníamos era impedir que las aguas tóxicas entraran en el Parque Nacional de Doñana. Se construyeron barreras para impedirlo, pero teníamos miedo de no conseguirlo»,

El desastre en Doñana en la actualidad

El desembolso de alrededor de 240 millones de euros en fondos públicos facilitó que la zona esté actualmente descontaminada y haya recuperado su riqueza ecológica.

El Guadiamar es ahora un corredor verde protegido.

 

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